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Hay un elefante en la habitación. En ésta y en todas las habitaciones en Santiago o en otras ciudades de Chile y el mundo donde nos reunimos, cada tanto, a discutir sobre los diferentes matices de la violencia de género que ocurre bajo los soportes digitales. Hay un elefante invisible que apenas se deja sentir por los presentes y que con suerte nos libera espacio para nuestra presencia.

Como soy muy mala para improvisar y porque tampoco son tan comunes las oportunidades para hablar del tema y, por sobre todo, porque la fuerza de las últimas noticias demuestran elocuentemente los problemas inherentes de la industria digital dominante, quisiera tomarme unos minutos para hablarles de uno de los elefantes más importantes de la discusión mundial sobre violencia de género online.

Un elefante recorre Silicon Valley: es el fantasma de la misoginia

En los últimos días, sendos reportajes en los medios escritos más importantes de Estados Unidos, han puesto en portada la estrecha relación que el mundo de la ciencia y la tecnología tuvo con el millonario Jeffrey Epstein.

Para las personas que no saben quién es este personaje, a mediados de este año, Epstein fue encarcelado y acusado por la fiscalía de Estados Unidos de gestionar una “vasta red” de mujeres menores de edad a las que presuntamente pagaba por servicios sexuales en sus mansiones de Manhattan y Florida. El modus operandi era que tres de sus empleados gestionaban sus encuentros sexuales con mujeres expresamente menores de edad, que provenían de hogares pobres o familias desestructuradas, las cuales eran contratadas para dar masajes pero que, pronto, terminaban siendo abusadas por Epstein y, a veces, por sus otros amigos millonarios.

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