“Estamos luchando para sobrevivir”. La resistencia a la minería en Acacoyagua, Chiapas

"No nos vamos a levantar de aquí hasta que se vayan las máquinas. No tenemos miedo, tenemos valor para estar aquí aunque nos digan que ya nos demandaron". Defensora del Frente Popular en Defensa del Soconusco 20 de junio (FPDS) durante el plantón “José Luciano” que impedía el paso a la mina “Casas Viejas” en el municipio de Acacoyagua en Chiapas, México.

Extractivismo y recursos finitos

Suele decirse que la minería es la “madre” de todas las industrias modernas. Si los minerales son indispensables, ¿por qué hay tantos focos de resistencia en los países donde se realiza su explotación?

Los minerales forman parte de nuestra cotidianidad, sin ellos la vida tal y como la conocemos no sería posible. También están presentes en nuestras tecnologías. Por ejemplo, un teléfono celular se compone de más de 200 minerales, 80 elementos químicos, y más de 300 aleaciones y variedades de plástico. ¿De dónde vienen nuestros dispositivos? ¿Qué sabemos sobre sus impactos?

Es frecuente encontrarnos con noticias sobre el extractivismo de datos inherente al modelo de negocios de las grandes plataformas digitales. Pero poco sabemos sobre los “otros” extractivismos que transitan a lo largo de toda su cadena de producción. Desde su diseño, estas tecnologías están pensadas para ser construidas en un mundo de recursos infinitos. El mundo en el que vivimos tiene recursos finitos.

Al observar la economía de los materiales nos encontramos con un sistema lineal. Se habla de explotación de materias primas, transformación, transporte, ensamblajes, más transporte, consumo, de nuevo más transporte, desechos. La variable de las “personas” en cada uno de esos estadios no se contempla en las ecuaciones.

Sin embargo, vivimos en un mundo con recursos finitos, de ciclos y no de sistemas lineales, donde las personas transitan en cada pequeño detalle de esas cadenas de producción. Además, en estos sistemas algunas personas son más escuchadas que otras mientras el entramado de políticas públicas y diplomacia económica beneficia a las corporaciones por sobre las poblaciones locales.

Un modelo de desarrollo tecnológico que se ancla en esta concepción extractivista implica fuertes impactos negativos tantos en las sociedades como en el ambiente.

Resistencia a la minería en El Soconusco, Chiapas

México es uno de los 17 países megadiversos del mundo y uno de los principales de Latinoamérica con una amplia variedad de especies endémicas. Entre las razones que dan origen a la existencia de esta variedad de plantas, animales, hongos y microorganismos están la diversidad de climas, la mezcla de zonas biogeográficas y un complejo relieve de cadenas montañosas entre los que se encuentra la Sierra Madre de Chiapas, en el sureste mexicano.

Nuestros dispositivos contienen gran cantidad de minerales que se extraen de esa biodiversidad para ser transformados en carcasas, circuitos, condensadores, pantallas, sensores. Algunos de ellos se encuentran en Chiapas donde cerca del 20% del territorio está concesionado a actividades mineras. Hasta septiembre de 2019, la Secretaría de Economía tenía registradas 140 minas a cielo abierto, con permisos de explotación que van hasta el año 2060 y con un alto uso de agua. “Una mina chica consume alrededor de 250 mil litros de agua por hora, mientras que una grande va del millón a los 3 millones de litros en el mismo lapso de tiempo”.

La información que omiten deliberadamente los documentos de concesión son las relacionadas con las afectaciones a la diversidad natural y la salud de las poblaciones. Este fue uno de los motivos por los cuales las personas pobladoras del municipio de Acacoyagua, donde cerca 17 mil habitantes viven bajo el cobijo de las reservas de la biósfera La Encrucijada y El Triunfo, en una región conocida como El Soconusco, organizaron la resistencia contra la minería. Allí se encuentran activas 13 concesiones mineras para la explotación de oro, plata, plomo, zinc, hierro y titanio.

De todos ellos el titanio es el principal. En su uso más común se transforma en óxido de titanio, utilizado como blanqueador de maquillaje, dentífrico, pintura y alimentos como la leche. También encontramos titanio en instrumentos quirúrgicos, armas de fuego y, claro, el cuerpo de las computadoras y otros dispositivos electrónicos.

El 20 de junio de 2015 la población local, preocupada por los impactos que veía en su salud y el ambiente, consolidó el movimiento ciudadano pacífico Frente Popular en Defensa del Soconusco (FPDS) y poco más de un año después instaló dos campamentos que, con solo una soga, bloqueaba el paso de las máquinas a las minas. Libertad Díaz Vera, acompañante del FPDS desde sus inicios, relata que ya desde 2006, algunas personas de Acacoyagua notaron la llegada de empresas interesadas en la explotación minera. Sin embargo, los primeros permisos datan de 2012 y fueron aceptados sin procesos de información o consulta que respeten los tiempos y las formas de las poblaciones locales.

Para el año 2015 se vieron los primeros impactos en la salud sobre todo en enfermedades de la piel como urticaria, manchas blancas o resequedad, pero también con el aumento en casos de cáncer. Juan Velázquez, médico en la zona, calcula que entre 2005 y 2015 la tasa de muertes por esta enfermedad subió del 7% al 22%. “Los cánceres de todo tipo, principalmente el de hígado, se volvieron las primeras causas de muerte en la localidad. Nosotros estamos luchando para sobrevivir”. La actividad minera libera partículas tóxicas y radioactivas como el torio y el silicio.

El cambio más notorio del entorno se vio en la contaminación de las aguas del Cacaluta, principal río de la región que nace en la reserva y llega hasta las costas de Chiapas, dotando de agua a la región de Acacoyagua. “El municipio cuenta con un sistema de agua rodada. Eso significa que el río va recargando los mantos acuíferos y va abasteciendo de agua a las casas, no hay un sistema de saneamiento, entonces todo lo que se filtra al agua va directamente a las bocas de las personas”. (L, Díaz Vera, comunicación personal, 24 de septiembre de 2020).*

Al mismo tiempo que las enfermedades aumentaron, empezaron a morir peces. Las poblaciones locales ya no podían alimentarse de las mojarras, piguas, langostas y sardinas que antes pescaban. “A partir de todo eso la gente empezó a cuchichear que algo estaba pasando”. Así inicia el proceso de defensa de territorio que hoy no solo implica haber declarado el municipio libre de minería, sino que cuestiona otras formas de sobreexplotación del territorio como los agronegocios existentes en la zona.

En un artículo publicado por la revista Mongabay se menciona que “en opinión del delegado de la Secretaría del Medio Ambiente (SEMARNAT) en Chiapas, Amado Ríos, el permiso de exploración y explotación concedidos a El Puntal se dio para extraer en bruto la materia prima y llevarla a otro lado para obtener el titanio, con lo cual, la dependencia da por hecho que la mina Casas Viejas no contamina”. La población vivencia en sus propios cuerpos los efectos de la piedra que se extrae de la mina.

A pesar de la fortaleza social y el conocimiento sobre la explotación minera que se han ido adquiriendo a lo largo de su proceso organizativo, a la fecha sigue siendo difícil rastrear a las empresas inversionistas. El gobierno estatal y el nacional, en sus distintas instancias, se adjudican unos a otros la responsabilidad de tener que dar informes. El resultado es la ausencia de datos. Tampoco se explican por qué se permiten proyectos mineros en lugares de reserva natural. El artículo mencionado anteriormente refiere que para el Instituto Mexicano para la Competitividad “los expedientes de cada concesión solo pueden ser consultados por quien acredite interés jurídico o a través de la Ley General de Transparencia y Acceso a la Información Pública”.

Lo que sí se sabe es que las concesiones han ido cambiando de dueño, un formato muy común en el ámbito de la minería donde se suele iniciar con proyectos de prospección y exploración en manos de pequeñas o medianas empresas nacionales para luego ser vendidas a inversionistas mayores, nacionales o trasnacionales, una vez se constata que hay metales en cantidad suficiente para una explotación. Así, seguirla ruta de las concesiones resulta complicado incluso cuando las explotaciones son de gran envergadura. En muchos casos esto responde a que las principales empresas mineras se instalan en los diferentes países a través de subsidiarias con entreveradas vinculaciones legales que complican el poder relacionarlas legalmente con su casa matriz.

Las localidades de Escuintla y Acacoyagua fueron las primeras en organizarse para resistir a la minera. Conformado el FPDS, se vincularon en la Red Mexicana de Afectados por la Minería (REMA) y desde entonces han establecido diferentes estrategias para la defensa del territorio. Desde acciones directas, como el ya mencionado bloqueo de carreteras, hasta procesos de información, declaratorias de asamblea, acciones mediáticas y legales. Las represalias no se hicieron esperar. Sin embargo, una pobladora del plantón sostuvo que “estamos defendiendo nuestro territorio para que nuestros hijos puedan seguir viviendo tan felices como nosotros lo hemos sido en estos lugares".

En 2018 las comunidades levantaron el bloqueo de carreteras pero mantienen un sistema de vigilancia activa en el cual personas de las comunidades hacen sus rondines en bicicleta y si encuentran un camión de la minera enseguida alertan a la demás poblaciones, quienes salen a detenerlo.

Esta combinación de estrategias ha permitido frenar de cierta forma las afectaciones que estaban sufriendo. “La gente ahorita está contenta porque sí vieron un cambio muy drástico. Tenemos una foto de 2019 con unas langostitas de río de una comida que hicieron en la sierra para recibir a un periodista. La gente empieza a ver mucha más vida en el río” (L, Díaz Vera, comunicación personal, 23 de septiembre de 2020). En cuanto a las enfermedades de la piel, ya se nota una mejoría tanto entre la niñez como en personas adultas. Sin embargo las enfermedades más graves de hígado y riñón aún persisten.

Hay dos fechas fundamentales para las comunidades del municipio que reafirman la lucha. Cada 20 de junio, cuando se cumple un nuevo aniversario del proceso organizativo, se cantan canciones al río y bailan danzas regionales, se leen poemas y comunicados. Es un momento cultural importante donde se alude al proceso organizativo. En diciembre, se realiza una posada en homenaje a la resistencia donde se juntan a comer al ritmo de las marimbas, hacen rifas y se rompe una piñata. Además, en el desfile de la fiesta nacional del 15 de septiembre del año pasado marchó el “personaje del antiminero” lo que muestra que la resistencia “ya se instaló en la identidad de las comunidades hasta en lo institucional” (L, Díaz Vera, comunicación personal, 23 de septiembre de 2020).

Cambiemos el modelo

A pesar de los impactos negativos y los daños a la salud y al ambiente, las economías actuales siguen basándose en el extractivismo. Priorizan las reglas del valor de cambio por sobre las del valor de uso. El precio a la naturaleza es más importante que el valor del cuidado que hagamos de ella para las generaciones actuales y futuras.

El sistema de dominación económico es sostenido por una ideología completamente alejada de la tierra y sus seres vivientes, incluidas las personas. El sistema de desarrollo tecnológico mantiene estas premisas provocando un impacto negativo en los cuerpos y los territorios.

Seguir una ruta clara de esas tecnologías resulta por demás complejo, fundamentalmente debido a la ausencia de mecanismos de transparencia y rendición de cuentas en cada uno de los nodos de su producción. Las soluciones que se proponen desde los corporativos tecnológicos se enlazan con el capitalismo verde, es decir, con un conjunto de “respuestas” a la crisis climática que no pone en cuestión las formas de consumo actuales sino que propone formas “limpias” de seguir consumiendo hasta el infinito a través de energía producida por grandes presas hidroeléctricas, parques eólicos o solares, biocombustibles, geoingenierías. En un comunicado publicado recientemente, más de 230 organizaciones de la sociedad civil de todo el mundo reclamaron a la Comisión Europea reevaluar sus planes de obtención de materias primas por estar llena de irregularidades, ausencia de mecanismos de transparencia y desoir a la creciente resistencia de las poblaciones locales. “Para demostrar un verdadero liderazgo en materia climática, la CE debe establecer y poner en práctica políticas para una transición de bajo consumo de energía y materiales en Europa, centrándose mucho más en la reducción de la demanda, el reciclaje y la contribución de una parte justa de apoyo a las naciones del Sur global para corregir la extracción continuada de riqueza del Sur global para Europa, que ha tenido lugar durante siglos”, subraya el comunicado.

Los procesos de defensa de los territorios de Latinoamérica llevan décadas implementando diversas estrategias para cuidar sus vidas y entornos. Las luchas se dan en diversas dimensiones pero, como nos cuenta la historia de Acacoyagua, lo que les ha funcionado para detener la contaminación ha sido un proceso organizativo fuerte y acciones directas no violentas.

Para construir tecnologías futuras que respondan al cuidado de la vida se hace necesario reconectar con otros modelos de consumo locales, cercanos, que propicien la diversidad y la conexión con las personas productoras, que escuchen los ciclos de la vida (la naturaleza tarda millones de años en producir minerales o el petróleo) y diseños que respondan a esas premisas. 

Esas otras formas de desarrollo que respetan las necesidades de las comunidades locales nos permitirán también pensar en formas para relocalizar las tecnologías, su producción y circulación, avanzar sobre modelos abiertos de desarrollo de software y de hardware, disminuir el consumo y diversificarlo, responder a problemáticas localizadas y que abonen a propuestas basadas en el cuidado a las poblaciones, comunidades y entornos. Quizás ese sea el desarrollo tecnológico que permitiría ver un impacto deseado en los mundos que habitamos.

* Citas tomadas de una entrevista con Libertad Díaz Vera, de FPDS.

Esta historia de caso forma parte de  una guía de APC sobre las economías circulares de los dispositivos digitales. Una vista previa de la guía se puede encontrar aquí (de momento en inglés, pronto compartiremos también la versión final en español).

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