Ciberactivismo: ¿Utopía o posibilidad de resistencia y transformación en la era de la sociedad desinformada de la información?

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By Valeria Betancourt (APC)
, April 2011

Una suma de factores ha dado lugar a nuevas realidades culturales y comunicacionales, así como a nuevas identidades de los sujetos individuales y colectivos en el mundo contemporáneo. Se puede mencionar, entre otros, la crisis de los paradigmas discursivo-cognitivos de la racionalidad occidental; el paso de la reflexividad a la informacionalidad; la preponderancia del hedonismo y el individualismo como el estilo de vida a procurar; la búsqueda constante de novedad a partir de una inagotable sed de infinito; la virtualidad surgida de la emergencia y expansión de las tecnologías de redes, como el internet; el peso creciente de las industrias culturales y sus modelos visuales y sonoros; las fronteras cada vez más borrosas entre lo público y lo privado; y, el ascendente afán de los medios masivos de comunicación de erigirse a sí mismos como los representantes de la ciudadanía [1].

De acuerdo a los planteamientos de Scott Lash, la dimensión transcendente y el sentido reflexivo de la vida se diluyen progresivamente en las diversas configuraciones que adopta actualmente el entrecruce sociedad-cultura-comunicación. En ese contexto, cabe preguntarse si los cambios tecnológicos en materia de información y comunicación son oportunidades para inaugurar nuevas formas de transgresión, resistencia y transformación colectiva que generen cambios materiales y simbólicos sustantivos. Este corto ensayo pretende responder parcialmente a ese interrogante a partir de la experiencia particular en el campo del activismo virtual o ciberactivismo. La reflexión se apoya principalmente en el modelo de pensamiento sobre la comunicación y la sociedad que critica Scott Lash, aunque se recurre a otros autores para sustentar cuestiones puntuales.

La imponderable sociedad desinformada de la información

Se ha vuelto común escuchar de la boca de distintos actores que la sociedad industrial ha dado paso a la sociedad de la información (y del conocimiento, añaden algunos). Expertos en distintas disciplinas han propuesto diversos tipos de definiciones y, a pesar de ello, no se puede decir que haya un acuerdo sobre qué es y qué implica la sociedad de la información. En la perspectiva de Lash, la sociedad de la información es aquella en la rige el principio de la información y en la que el paradigma de información son los medios. El autor opta por esa definición porque da cuenta del “[…] (nuevo) orden y desorden […]”2 que experimenta la sociedad contemporánea, en la que la irracionalidad es efecto imprevisto de la racionalidad y en la que el tiempo y el espacio están comprimidos y descontextualizados. Los medios y la información, explica Lash, han copado el espacio que antes tenía la reflexividad como forma de pensamiento. El análisis crítico no resulta posible en el imperio efímero, inmediato y superficial de la información. Lo transcendente se disipa y las pretensiones universalistas del conocimiento discursivo no tienen cabida. La información, señala Lash, se produce y ubica fuera de lo que él llama un marco conceptual sistémico. No se puede evitar preguntarse, entonces, sobre las formas e implicaciones de las acciones de los sujetos en la producción y reproducción de la vida social, al margen de la reflexividad. Y eso lleva a otros interrogantes: ¿qué pasa con el poder y las formas de contrarrestarlo en una sociedad desinformada de la información?

Según Lash, el poder también se torna informacional. La información está organizada no por su valor de uso o de cambio sino por su valor en tiempo real, sin valía para el pasado y el futuro. En la perspectiva de Lash, el poder, el orden y la obtención de ganancia en la sociedad desinformada de la información están asociados a la propiedad intelectual (patentes, marcas y derecho de autor). El autor enfatiza que, en el campo de las tecnologías de información y comunicación (TIC), los derechos de autor impuestos al software son el mecanismo para la obtención de ingentes ganancias. Refiriéndose a la dialéctica entre orden y desorden en la sociedad de la información, Lash señala que el “[…] desorden informacional genera sus propias relaciones de poder: por un lado, el poder y conocimiento inmediato de los bytes de información y, por otro, el reordenamiento de la información en categorías de propiedad intelectual”3.

La desigualdad, en la visión del autor, se da más en términos de exclusión que de explotación. Va consolidándose una elite global que excluye a la periferia. Las elites se autoexcluyen de los flujos nacionales de información y comunicación y dejan de identificarse voluntariamente con ellos, mientras se autoincluyen e identifican con los flujos globales. “En el centro, los trabajadores semicalificados y de las minorías étnicas, antes explotadas, son cada vez menos relevantes para la acumulación informacional, que hoy no se hace a su costa sino a sus espaldas. Una supraclase autoexcluida lleva a una infraclase excluida por la fuerza”4.

De manera particular, sostengo que en lo que respecta a las tecnologías de información y comunicación, específicamente a la gobernanza de internet5, el poder adquiere otras dimensiones, a más de las que señala Lash. Contrarrestarlo se vuelve, en consecuencia, más complejo. La disputa no se da únicamente en torno al control del acceso y distribución del software, sino también del conocimiento.

Adicionalmente, el problema tiene que ver con la estructura de propiedad de la infraestructura de TIC. Están en contraposición posiciones (políticas e ideológicas) que defienden y apuntan a preservar el carácter igualitario, abierto, no jerárquico, interoperativo y descentralizado del internet con aquellas que pretenden concentrar cada vez más la propiedad privada de la infraestructura, las aplicaciones, los servicios y el conocimiento que circula en la red. Las nociones de bien público, de bien común y la prevalencia del dominio público en la esfera de internet están en el fondo del problema. Si se espera que el internet y otras TIC (como la telefonía móvil) se consoliden como plataforma de incidencia para el cambio social y para la inclusión, las condiciones de desarrollo y acceso a dichas tecnologías adquieren una relevancia
crucial. Personalmente, afirmo y defiendo la necesidad e importancia de avanzar hacia la construcción del internet como un bien público mediante la formulación de políticas públicas y la reestructuración de la gobernanza de internet, eliminando las barreras artificiales que limitan la universalización del acceso.

Resistencia y transformación: ¿Utopía o posibilidad?

Si el margen para la reflexión es limitado o nulo en la sociedad contemporánea, ¿qué posibilidades de resistencia y transformación sustantiva de la realidad (amparada en reflexión y acción crítica) caben? Hay muchos que le han apostado al ciberactivismo como un mecanismo para visibilizar actores, amplificar voces y reforzar acciones impugnadoras y transformadoras. El internet y otras nuevas TIC han sido usadas para la incidencia alrededor de una multiplicidad de temas y procesos. Cada vez más personas usan las redes sociales, la telefonía móvil y herramientas digitales más tradicionales como el correo electrónico, para movilizar acciones alrededor de distintas causas y fines. Howard Rheingold, en su trabajo sobre Multitudes inteligentes6 explica que ellas, en tanto fenómeno del nuevo régimen tecno-social imperante, están formadas por personas capaces de actuar conjuntamente a pesar de no conocerse unas a otras y estar localizadas en distintas partes del mundo. Ello ha dado lugar a nuevas formas y códigos de organización y acción social, política y cultural estructuradas y apoyadas en las TIC.

En algunos casos, los resultados del activismo en línea no solo son altamente efectivos sino que han producido cambios importantes. Uno de los ejemplos más recientes se sitúa en Estados Unidos con el rol que jugaron las herramientas Web 2.0 en la campaña presidencial de Barack Obama. En el Ecuador, la experiencia más notable tiene que ver con las movilizaciones sociales en Quito autoconvocadas mediante mensajes escritos de texto por teléfono celular (SMS, por sus siglas en inglés) y correo electrónico que desembocaron en el derrocamiento de Lucio Gutiérrez en abril de 2005. Otro caso conocido es el de la influencia que tuvieron en los resultados electorales en España las manifestaciones organizadas por SMS en contra del gobierno, en protesta por la ocultación y manipulación de la información luego del ataque terrorista en Madrid en el 2004. En la misma línea, se ubica el grupo de reporteros ciudadanos coreanos, OhMyNews, que modificó el rumbo de las elecciones presidenciales en el 2002 a través de la movilización del voto usando correo electrónico y SMS.

Y no pueden dejar de mencionarse las acciones antisistémicas de movimientos sociales articulados en Seattle en contra de la Organización Mundial de Comercio, o las innumerables campañas emprendidas por grupos ambientalistas sobre el cambio climático, la protección de especies en peligro, la agricultura sostenible y no tóxica, el fin del poder nuclear, entre otros. Rheingold llama la atención sobre formas aún más novedosas de colaboración y activismo en línea como la de la computación distribuida: miles de personas ponen a disposición fracciones de sus discos duros para sumarse a causas tan diversas como la búsqueda de señales de inteligencia extraterrestre, el desarrollo o mejoramiento de tratamientos para enfermedades o las indagaciones para descubrir las causas de la extinción de especies.

A pesar del impacto visible de ejemplos como los señalados, se puede decir que si bien la respuesta de la gente es espontánea, inmediata y masiva, en general el ejercicio impugnador o transformador es de corto plazo. Se logran cambios significativos pero, en última instancia, no se modifican sustancialmente las estructuras materiales y simbólicas en las que se sustenta y sostiene el poder. ¿Por qué sucede aquello? ¿Será que nada puede escapar a la inmediatez y simplificación a la que el principio de información aboca? Todo parece estar cooptado por el maleficio de lo que Lash llama la inmanencia informacional general “[…] en la cual nada es la condición de posibilidad primordial o trascendental de ninguna otra cosa […]7”.

La hegemonía ha operado históricamente colocando ciertas concepciones del mundo como los únicos parámetros válidos para la construcción de la vida social. Ana Ester Ceceña8 advierte sobre el hecho de que la dominación tiene su sustento no solo en el poder económico y militar sino en la capacidad de universalizar una visión de mundo, ignorando, anulando, debilitando o neutralizando otras posibilidades existenciales. La cotidianidad es el escenario en el que la dominación se efectúa a través de la construcción de sentidos que reproducen, naturalizan y aseguran el sostenimiento de las condiciones de poder. Las diferencias se anulan o se mercantilizan en función del sostenimiento del poder. La hegemonía, entonces, se instala y opera en los entrecruces cultura-comunicación-sociedad. Es en esa relación donde actualmente se dirime, en gran medida, la batalla política por el reconocimiento de diversos modos de vida. Es indudable que el internet ha permitido la visibilización y reconocimiento de una multiplicidad de actores, lo que ha contribuido a producir rupturas desde las que es posible impugnar y contrarrestar discursos y visiones hegemónicas.

Sobre la base de las estructuras, mecanismos y dispositivos de poder, en los usos, las recepciones, las apropiaciones del internet y otras TIC, se configuran posibilidades significativas y existenciales alternativas, que si bien no han avanzado aún a formas de emancipación9, sí han producido acciones contra-hegemónicas. En ese sentido, puede no resultar aventurado señalar que el acceso universal a internet contribuye no solo a la producción de imaginarios y representaciones alternativas sobre la realidad sino también a la generación de nuevas formas organizativas de lucha político-social. El activismo en línea ¿puede constituirse en un mecanismo efectivo para la expresión emancipatoria, asumiendo críticamente el uso y apropiación de internet como uno de los espacios de convergencia de la comunicación y la cultura en el que se configuran sentidos de la vida social y desde el que se puede proyectar acciones políticas de transformación de la realidad?

El caso del proyecto de internet emancipatorio conducido por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), puede ilustrar en alguna medida esta problemática. El tema ha sido analizado desde distintas perspectivas. Sus prácticas comunicativas en línea, ¿han logrado pasar de una forma efectiva de posicionamiento mediático nacional e internacional a una forma de ampliación y fortalecimiento de su movimiento social y político? Es innegable que la utilización del internet por el EZLN ha permitido difundir globalmente el mensaje de su lucha política y ganar apoyo para
su causa. “Claramente, el uso de internet por los Zapatistas no ha estado direccionado a sus bases sino a ofrecer a la audiencia global su propia versión de los eventos”10, básicamente para neutralizar las versiones fragmentadas y tergiversadas de los medios tradicionales y, a la vez, para resaltar la relevancia de su proyecto político de oposición al capitalismo neoliberal.

La presencia en línea de EZLN ha estado principalmente apoyada y sostenida por una red transnacional de apoyo. Ello, en el análisis que Henry James Morello hace del uso de internet por los Zapatistas, tiene relación con un ejercicio emancipatorio: la interactividad del internet abrió posibilidades para que la lucha política Zapatista no solo sea contada por sus protagonistas sino que aporte a un debate más amplio sobre los impactos del neoliberalismo y, al mismo tiempo, se beneficie y enriquezca con las luchas, experiencias y perspectivas de diversos grupos localizados en otros lugares del planeta. El neoliberalismo, señala Morello, pasó al ser el nombre del enemigo común de múltiples movimientos a nivel global.

La notoriedad alcanzada por el EZLN mediante el ciberactivimo, fue un factor que permitió algunos logros políticos, como por ejemplo, la anulación de la expropiación de tierras de comunidades Zapatistas y el retiro de puestos militares de esos territorios en el 2002. Sin embargo, los tentáculos de los poderes hegemónicos de la sociedad desinformada de la información son más largos de lo que se puede imaginar. Por ejemplo, la creciente comercialización de la infraestructura del internet y de los contenidos que por la red circulan, han llevado a la utilización de la imagen del líder mayor y de los íconos de los Zapatistas con fines mercantiles, desvirtuando, espectacularizando y banalizando los alcances de su proyecto político. La centralización y control del flujo de información en la red resulta, además, en visibilización o invisibilización de contenidos en la medida que éstos sean o no convenientes o funcionales a los proyectos hegemónicos. En consecuencia, la presencia e impacto en línea del EZLN se ha debilitado.

Apunte final

¿Qué implica asumir críticamente los usos y apropiaciones del internet con propósitos de activismo social y político que produzca, de manera sostenida y sustantiva, transformaciones relevantes en pos del bien común? Seguramente hay muchas posibilidades de respuesta, sin embargo, sostengo que se debe partir por un ejercicio serio de recuperación de la reflexividad y el análisis crítico, tan venidos a menos en la sociedad desinformada de la información.

Un buen punto de partida puede ser ubicar a la tecnología en los contextos de los que surge. La tecnología está permeada por determinantes políticos, sociales, culturales y económicos y es reflejo de las relaciones de poder imperantes. El ciberactivismo puede habilitar derroteros no contingentes para el cambio social reconociendo que las acciones transformativas se hacen no desde las herramientas tecnológicas sino desde el compromiso militante y activo de personas de carne y hueso, que, en los usos que hacen de dichas tecnologías, generan sentidos políticos. Las tecnologías no transforman la realidad por sí mismas sino a partir de las sociedades en las que ellas se gestan y utilizan. El ciberactivismo debe sustentarse en una reflexión profunda sobre las implicaciones del régimen tecno-social, sus alcances, potencialidades, limitaciones, riesgos y oportunidades, y las formas en las que reordena todos los aspectos de la vida social.

Encarar críticamente el uso de internet con fines de incidencia político-social tiene que ver también con entender que la forma en la que está estructurada la gobernanza de internet refuerza determinadas condiciones de exclusión, desigualdad e injusticia social. Adicionalmente, la configuración de la gobernanza de internet es determinante para convertir al internet cada vez más en lo que Rheingold llama una telaraña panóptica, en la que la violación de derechos civiles por poderes privados y gubernamentales está a la orden del día. Resulta altamente inconveniente limitar el ciberactivismo al uso del internet para construir discursivamente una comunidad imaginada. A partir de la lucha por el reconocimiento y el mantenimiento del carácter abierto, público, descentralizado e igualitario del internet, contrarrestando la apropiación privada de la red11 y la creciente consolidación de los grandes monopolios de la información y la comunicación, es necesario trascender hacia la reflexión y la práctica de interpretación y resignificación simbólica en relación dialéctica con las condiciones materiales de la vida social. En ello radica la posibilidad de llevar adelante proyectos emancipatorios apoyados en el uso del internet y otras TIC.

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1 Ensayo preparado para la Maestría de Estudios de la Cultura, de la Universidad Andina Simón
Bolívar (Ecuador). Junio 2010.

2 Scott Lash, Crítica a la información, Buenos Aires, Amorrortu, 2005, p. 22.

3 Scott Lash, Ibíd, p. 26.

4 Scott Lash, Ibíd, p. 27.

5 El proceso de la Cumbre Mundial para la Sociedad de la Información produjo, en el marco del Grupo de Trabajo sobre la Gobernanza de Internet, la siguiente definición de trabajo: “La gobernanza de Internet es el desarrollo y la aplicación por los gobiernos, el sector privado y la sociedad civil, en las funciones que les competen respectivamente, de principios, normas, reglas, procedimientos de adopción de decisiones y programas comunes que configuran la evolución y la utilización de Internet.” http://www.itu.int/wsis/wgig/docs/wgig-report.pdf
La gobernanza de internet, por tanto, no está relacionada únicamente con los aspectos técnicos de la gestión de los nombres y números de internet sino también con las condiciones para el desarrollo, acceso y uso del internet.

6 http://www.smartmobs.com/book/

7 Scott Lash, Ibíd, p. 34.

8 Ana Ester Ceceña, “Estrategias de construcción de una hegemonía sin límites”, en Ana Ester Ceceña, comp.,Hegemonías y emancipaciones en el siglo XXI, Buenos Aires, CLACSO, 2004.

9 Raúl Ornelas explica que la distinción entre emancipación y contrahegemonía radica en que la primera, a partir de un proyecto antisistémico, apunta a aniquilar las relaciones de poder, mientras que la segunda plantea la sustitución de una hegemonía por otra sin alterar sustantivamente los esquemas institucionales del Estado. Esto último resulta problemático en el sentido que la hegemonía tiene en la subalternidad su correlato. Por tanto, cabe preguntarse sobre quiénes son los nuevos subalternos en el marco de un proyecto de hegemonía popular. Una
reflexión detallada sobre las tensiones entre contrahegemonía y emancipación se encuentra en:
Raúl Ornelas, “Contrahegemonías y emancipaciones. Apuntes para un inicio de debate”, en Ana Ester Ceceña,comp., Hegemonías y emancipaciones en el siglo XXI, Buenos Aires, CLACSO, 2004.

10 Henry James Morello, “e-(re)volution: Zapatistas and the emancipatory internet”, en A contra corriente, Revista de historia social y literatura en América Latina, Vol.4, No.2, Department of Foreign Languages & Literatures at North Carolina State University, invierno de 2007, p. 59.
Nota: La cita original está en inglés. La traducción es mía.

11 La apropiación privada de la red se hace efectiva mediante la modificación de la arquitectura abierta, no jerárquica, descentralizada e interopeativa del internet, alterando la neutralidad de la red, basada en el principio de extremo a extremo. “La neutralidad de internet, referida sobre todo al transporte efectivo de paquetes, permite que la inteligencia se base sobre todo en computadores, aplicaciones, servidores, telefonía móvil y otros dispositivos que se encuentran en los puntos terminales de la red. Esto ha permitido el desarrollo de un amplio abanico de nuevas actividades, industrias y servicios de internet en los extremos de la red y ha convertido a la red en una herramienta importante dentro del amplio contexto del desarrollo económico y social. La mayor parte del poder y el alcance de internet se deriva del valor de su efecto de red. Cuanta más gente accede a la red, mayor es su valor como medio de intercambio de información y comunicación. El principio de extremo a extremo y la neutralidad de la red deben defenderse contra todo intento de centralizar el control y tener un internet ‘de primera y segunda categoría‘”.Carta de Derechos en Internet, de la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones, APC.

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