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Los derechos de las trabajadoras sexuales son derechos humanos

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Petición

La mayoría de las trabajadoras sexuales son mujeres. Muchas de estas mujeres sufren abuso físico y psicológico – incluso de la policía – en el transcurso de su trabajo. Exigimos que los derechos de las trabajadoras sexuales – que incluyen, entre otros, el derecho a la privacidad y el derecho a la vida, libertad y seguridad en línea – sean reconocidos como derechos humanos. Lee las siguientes historias y firma la petición que entregaremos en la ONU.
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La mayoría de las trabajadoras sexuales son mujeres. Muchas de estas mujeres sufren abuso físico y psicológico – incluso de la policía – en el transcurso de su trabajo. Exigimos que los derechos de las trabajadoras sexuales – que incluyen, entre otros, el derecho a la privacidad y el derecho a la vida, libertad y seguridad en línea – sean reconocidos como derechos humanos. Lee las siguientes historias y firma la petición que entregaremos en la ONU.

El caso Rustenberg

En la mayoría de los países el trabajo sexual se criminaliza. En muchos contextos, esto se traduce en acoso directo y abuso de las trabajadoras por la policía. Una nota publicada por el periódico sudafricano Mail & Guardian el 23 de noviembre de 2012 informa que durante las redadas, las trabajadoras sexuales de Rustenburg son víctimas de abuso por parte de tres entidades: la policía, un Foro de Ciudadanos para el Cambio’y el departamento municipal de seguridad pública. “Se las enfrenta con un convoy de vehículos policiales, les arrojan gas pimienta, las requisan y se las agrede antes de arrojarlas dentro de un vehículo,“ revela el artículo. La nota completa describe lo que parecen ser claras violaciones a los derechos humanos fundamentales a la vida, la libertad y la seguridad (artículo 3 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos).
La historia de Muchaneta

En otro caso, estos mismos derechos humanos fundamentales resultan pisoteados por los mismos clientes del intercambio sexual. El conmovedor relato en video de Muchaneta#!, una mujer que emigró de Zimbabue a Sudáfrica en busca de una vida mejor para su familia, es uno de los muchos ejemplos de abuso de una trabajadora sexual. Muchaneta era una trabajadora sexual, es refugiada, madre y narradora. Pero primero y principal, es un ser humano. Exigimos que viva con dignidad.

Un caso de irrupción

En un tercer caso, el 7 de mayo de 2012, autoridades policiales de la ciudad ugandesa de Gulu ‘pasaron’ por un centro de atención de trabajadoras sexuales. Hicieron una redada en la pequeña oficina y arrestaron a dos empleadas y tres miembros de la Red de Organizaciones de Mujeres para la Defensa de los Derechos Humanos (WONETHA, por su sigla en inglés), un grupo debidamente registrado que administra el centro. “Entendemos que esto es un ataque a WONETHA y a la libertad de asociación, reunión y expresión de las trabajadoras sexuales y frente a ello elevamos una fuerte protesta,” afirmó Macklean Kyomya, directora ejecutiva del grupo. Además de los derechos humanos mencionados, la redada también genera la pregunta sobre la seguridad digital. Una de las tres arrestadas relara la redada. “Comenzaron a revisar cada rincón de la oficina, incluso el bote de basura. Conectaron la computadora y me pidieron la contraseña y abrieron los correos electrónicos que le enviamos a nuestra oficina de Kampala. Me preguntaron si teníamos una memoria portátil, a lo que respondí que no… pero tenemos un modem para internet. Se lo llevaron junto con papeles, una impresora, el libro de cuentas, una abrochadora, una perforadora, una computadora y un CPU”.

Esta redada no sólo interfiere con el artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (derecho a la privacidad), sino también con el artículo 5.1 de la Carta de derechos de internet de APC sobre el derecho a la protección de datos, que insiste en que “Las organizaciones públicas o privadas que requieren información personal de los individuos deben recolectar los datos mínimos necesarios y durante un mínimo período de tiempo. Sólo deben procesar datos para los mínimos propósitos requeridos.” La historia completa puede leerse aquí.

Por último, en un artículo publicado recientemente, defensoras de trabajadoras sexuales de varios países afirmaron lo que “las trabajadoras sexuales vienen diciendo desde hace años: ‘la descriminalización es la mejor regulación para las trabajadoras sexuales‘“. Las defensoras, reunidas en Sydney a principios de noviembre, compartieron principalmente sus experiencias positivas en el estado de Nueva Gales del Sur, Australia, donde el trabajo sexual se encuentra descriminalizado desde 1995. El artículo continúa diciendo que en la actualidad las únicas jurisdicciones donde el trabajo sexual está descriminalizado son Nueva Zelanda y Nueva Gales del Sur. Por su legislación referida al trabajo sexual, ambas recibieron elogios internacionales, incluso en el reciente informe de Naciones UNidas sobre trabajo sexual, VIH y ley.”

Firma esta petición, la enviaremos a la ONU

En base a los resultados negativos tangibles provenientes de jurisdicciones donde el trabajo sexual se considera ilegal y considerando que la descriminalización es condición previa para que las trabajadoras sexuales tengan acceso a sus derechos humanos fundamentales, exigimos la descriminalización del trabajo sexual tanto en línea como en el mundo concreto. También pedimos que las autoridades, incluyendo los organismos de seguridad, respeten, defiendan y refuercen los derechos de las trabajadoras sexuales, que no son diferentes de os derechos humanos. Firma esta petición para presionar a esas entidades públicas y privadas. A esas mismas autoridades que continúan ejerciendo violencia contra las trabajadoras sexuales, las mujeres en particular.

A principios de enero de 2013, la petición será entregada a Rashida Manjoo, Relatora Especial de Naciones UNidas sobre violencia hacia las mujeres y a Anand Grover, Relator Especial de Naciones Unidas sobre el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental. Nuestra meta es recolectar 1000 firmes a fines de 2012.

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